La inseguridad mató mi equilibrio y eso me condicionó al momento de escribir. No es que no me afecte en otras áreas de la vida, pero el no poder escribir algo que me gustase era, y es, una de las cosas que más me duele. No es porque escriba bien, ni mucho menos, pero es una forma en la que me libero, en la que puedo plasmar lo que se me de la gana, desde una emoción pasajera, una ficción, una nebulosa de ideas.
Nunca me había considerado una persona insegura, todo lo contrario, tengo bien claras mis ideas y mis metas. Después de haberlo analizado durante un largo período, puede haber sido este el causante de mi mal año, y sin darme cuenta, de un momento para otro, descubrí nuevos factores que aparecieron en mi vida con los que tengo que sobrevivir, con los que antes no lidiaba. La verdad es que estos cambios, desde sentimentales, hasta el bendito duelo post secundaria, me hicieron completamente vulnerable y sumergido en esta situación, me vi paralizado, sin posibilidades de mejorar o de empeorar. El miedo a lo desconocido crea un mecanismo de defensa, el cual te atrapa, te envuelve, te abraza y te conforma.
En esta era de cambios la cual siempre ninguneé, blasfemé y me reí a carcajadas me llegó, tal vez un poco temprano, tal vez un poco tarde, quién sabe. Lo importante es reconocerlo, digerirlo y pasarlo.
En la ruta de la vida, mañana pongo segunda.
Dedicado a mi querido Juan Manuel Cardozo, quien aparecerá entre esas personas especiales a las cuales agradeces al publicar un libro.
sábado, 14 de enero de 2012
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