Gracias por venir.

martes, 10 de agosto de 2010

Estaciones.

Colores de Otoño, un paisaje que recubre las calles de Capital. Las primeras hojas que tratan de independizarse y caen buscando volar, al menos por unos segundos. Las primeras heladas, regresos de sueños y esperanzas. El resurgimiento de aquellos artistas que buscan plasmar en sus diversos instrumentos aquella mística y fenomenal imaginación que presta esta etapa, entre otras.
Pero particularmente, durante este último bendito otoño pude encontrar a alguien que por decirlo de alguna manera vulgar, me voló la cabeza. Su carisma, su forma de ser, su belleza, me enredaron en una maraña de interrogantes en la cual me propuse dejar todo, con todos los miedos que ya tenía acumulados y prejuicios que recibiría, y de una buena vez sentir lo que una sola vez había buscado y el fuerte viento de invierno se lo llevó.
Fue entonces cuando recordé que después del otoño llega esta maligna, al menos para mí, estación. Las dudas resurgieron, mi falta de compromiso produjo una extraña separación en este dueto que había logrado crear. Acepto la responsabilidad.
Al iniciar esta parada totalmente oscura, me di cuenta que por primera vez había una luz a lo lejos. Era un rayo de esperanza. Seguí divagando hasta que todo se desmoronó, lentamente la luz desapareció. Y fue ahí, cuando me di cuenta lo que había perdido, que mi falta de confianza en el Otoño me había traicionado y que de verdad se avecinaban buenas épocas.
Reduje mis penas en letras y acá estoy, contando esta triste historia de un amor que pudo, pero no será.

No hay comentarios:

Publicar un comentario